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Feed-bakcs y devoluciones en ENF.

Cada vez que participo en una experiencia formativa me parece más interesante en mundo de la educación no formal. Últimamente, además, tengo la suerte de poder aplicar muchos principios de coaching a mi trabajo como formadora y ambas cosas me reportan enormes satisfacciones.

 

Resulta fantástico traer al aula el papel del coach y poner en práctica el acompañamiento de un grupo en un proceso formativo. Se minimiza el papel del/la formador/a dando mayor protagonismo al grupo como recurso y como protagonista de la acción formativa. El/la formador toma de algún modo el papel de coach, espejando al grupo dónde está aquí y ahora en cada paso de su proceso.

 

Para ello es muy importante la labor de la evaluación diaria, técnica que aprendí en el III Formador de Formadores de Voluntariado: pedir al grupo una evaluación diaria y devolverla a la mañana siguiente a través de una devolución.

 

¿Qué sentido tiene la evaluación y la devolución? Espejar, espejar y espejar.

 

 

El camino a la autoconsciencia
El camino a la autoconsciencia

Además de recoger la opinión del grupo sobre la formación, en las evaluaciones de un grupo este queda reflejado, igual que el habla refleja el observador que somos. Para los formadores, por tanto, debería ser imprescindible escuchar cada día la evaluación del grupo ya que su evaluación puede aportar mucha información sobre la madurez del grupo, sus conocimientos y experiencias en otras acciones formativas, su capacidad de aprendizaje, su atención, compromiso, etc.

 

Por otro lado es, igualmente importante que el grupo reciba una devolución por parte de los/as formadores al día siguiente. Que los/as formadores espejen lo que escuchen y se lo presenten al grupo. ¿Para qué? Para hacerles conscientes de alguna forma de en qué momento de su aprendizaje se encuentran y plantearles el reto de seguir avanzando.

 

En la ENF, en ocasiones, sólo se produce la evaluación en un sentido: de los/as participantes, a los/as formadores; puede que como consecuencia de una progresiva alergia al sistema de evaluación de la educación formal (los “terribles” exámenes). Sin embargo, es poco pedagógico que los/as participantes no sean evaluados en sus conocimientos y competencias adquiridas además de en su proceso de formación. De ahí la importancia de las devoluciones diarias al grupo por parte de los/as formadores.

 

Enfrentar al participante a su propio proceso, creo que es una de las responsabilidades de un/a formador/a; avanzar o no o por dónde hacerlo es papel que corresponde a la persona en proceso de aprendizaje.

 

 

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