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Imprescindible para el gestor: perder la ilusión del control.

En gestión cultural, en gestión en general y en cualquier otro tipo de dirección laboral y trabajo en equipo, ser imprescindible es un valor primordial a la hora de mantener nuestra institución/empresa como referente de nuestro campo. Ocurre algo similar cuando nuestra empresa somos nosotros mismos y tenemos que posicionar nuestro trabajo dentro de un equipo.

 

Pero es necesario establecer una distinción fundamental entre la estrategia de la empresa y el equipo y la del individuo. Cuanto más trabajemos para que nuestra institución sea imprescindible en su campo y se vuelva un referente del sector, mayor será sus sostenibilidad. Para ello es fundamental posicionar y visibilizar su trabajo en el sector e incluso, si se trata de un departamento dentro de una gran empresa, debemos reforzar la comunicación interna y la programación de nuestras actividades para incluir acciones encaminadas al reconocimiento de nuestro trabajo. Activemos la clave estrategica como si quisieramos posicionar una web en el vasto imperio de google. Cuanto mayor sea la huella que dejamos más reconocimiento obtendremos.

 

En el ámbito cultural es todavía más complejo visualizar esa importancia y repercusión de nuestro trabajo, y en demasiadas ocasiones, los gestores culturales hacemos poco por visualizar la trascendencia de nuestro trabajo. Es una de las asignaturas pendientes que debemos reforzar y marcarnos desde el inicio en el plan estratégico de nuestra entidad. Sólo creando el espacio, dejando hueco al tiempo necesario y programando acciones concretas para la consecución de este objetivo, podremos encaminarnos hacia él. Todo lo demás será como la culpa: inútil, estéril e inhábil

 

Ejemplo: Anuario de estadísticas culturales. 2013 (Descárgalo aquí)

 

Si dirigimos, en cambio, la mirada a la estrategia del particular es importantísimo tener en cuenta que la gestión de grupos y equipos de trabajo ha cambiado y sigue cambiando y que, hoy día, es inútil hacerse el imprescindible a la antigua usanza. Siento enormemente dar esta mala noticia a quienes trabajan de forma oculista e individualista, a quienes esconden su trabajo como un tesoro, a quienes nunca cuentan “el ingrediente secreto de su sopa de fideos” (vean la imprescindible película Kung-Fu Panda si quieren descubrirlo). Esas personas que no abren sus documentos y propuestas a los demás, no se someten a la “corrección” y el feed-back de sus compañeros o quienes paralizan el trabajo de una sección porque están dos días fuera del centro y no hay quien descifre sus documentos. Ese estilo, señoras y señores, ya no se lleva. A esa gente yo no la quiero en mi equipo de trabajo.

 

Mi experiencia es que la mejor estrategia de promoción personal y de resultar imprescindible para la dirección de tu centro o empresa es la realización de un trabajo sostenible. ¿Qué es un trabajo sostenible? Aquel programado de tal forma que pueda realizar cualquier compañero aunque yo no esté. Trabajar así suma, hace crecer, no ralentiza, es trabajar de forma eficaz, directa, sana. Trabajar así es un refuerzo para nuestra autoestima y amplía nuestra capacidad profesional. Es demostrar que nosotros somos el ingrediente secreto. Si faltamos cualquiera puede hacer el trabajo porque lo hemos diseñado así para que la institución no pierda; pero, trabajando con esa excelencia y esa sostenibilidad, aunque cualquiera pueda hacer nuestro trabajo, nadie nunca lo hará como nosotros lo hacemos. Desde este punto de vista es donde tenemos que volvernos imprescindibles desde un crecimiento personal y profesional alejado del individualismo inútil, estéril e inhábil. Perdamos la ilusión del control.

 

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