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Guerra abierta a los talleres de mosaicos...

Mosaico de Océano (Carranque)
Imágen obtenida de Wikimedia Commons

Y a todas esas actividades ("cutres") que en los museos tratan de enseñarnos a reproducir técnicas ancestrales sin otro objetivo que “recuperar” “lo perdido”. Que digo yo, que si se perdió sería por y para algo, y no es tiempo ya de fabricar bifaces.

 

Sé que empezar así el post es un poco macarra y provocador, pero tras la última visita que realicé a un yacimiento arqueológico, lo vi claro: ponemos el acento en la sílaba equivocada, es decir, en el objetivo pedagógico y en la parte de la actividad educativa equivocada. Lo importante no es el formato o la técnica sino el contenido que se transmite en cualquier actividad educativa en museos.

 

Creo que es fundamental cambiar la mirada sobre los miles de talleres y actividades que ofrecemos desde las instituciones culturales y ofrecer un trabajo mucho más cercano a los alumnos y alumnas que tenemos delante. Ellos son el principal recurso educativo con el que contamos y lo desaprovechamos aplastándolos con un contenido impuesto. Pienso, sobre todo, en la población juvenil, que es en la que soy verdaderamente experta, y “se me abren las carnes” imaginando lo mucho que divertirán montando mosaicos al estilo romano y sobre todo, lo mucho que tiene que ver con su realidad.

 

Probablemente, en una visita a un yacimiento arqueológico romano en el que los mosaicos son su mayor atractivo, los jóvenes deben salir de allí sabiendo cómo se realizaban estos mosaicos. Pero este contenido no puede ocupar más de 10 o 15 minutos de la visita. ¿Qué hace realmente únicos los mosaicos? ¿la técnica? ¿los colores? Probablemente los temas que se incluyen, el contenido, la historia que cuentan, el sentido que le da a la vivienda que esos mosaicos estén ahí, lo que nos transmiten de la religiosidad, las tradiciones, la cultura, etc.

 

¿Cómo transmitir eso a un grupo de jóvenes? Creando las condiciones adecuadas para que experimenten el mismo proceso creativo que tuvieron que realizar los artistas que soñaron aquellos mosaicos. Pongamos a su disposición una pedagogía que les haga descubrir cuáles son los temas fundamentales de su vida, qué les preocupa, les interesa, cuál es  la cultura o la religión heredada de su familia, qué les gustaría transmitir, etc. Y luego ya trabajemos cómo quieren hacerlo,a  través de herramientas que les son cercanas. Si la técnica del mosaico es antigua, ¿cuál quieren utilizar ellos? ¿pc? ¿tablet? ¿graffiti? ¿tatuajes? ¿Si tuvieran que transmitir a futuras generaciones algún aspecto de su vida, de su realidad, qué transmitirían y en qué formato?

 

Ahí radica la clave del trabajo educativo desde la cultura. No se trata de repetir procesos artísticos arcaicos sino de trasladar a un lenguaje actual la trascendencia de esos procesos y la responsabilidad que tenemos de seguir alimentando la cultura de nuevas aportaciones. Por eso le he declarado la guerra a los obsoletos “talleres de mosaicos” y le doy la bienvenida a otros espacios educativos en los que los participantes crean, juegan, aprenden, disfrutan y experimentan.

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