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El primer día, la primera hora

 

Septiembre nos trae, como cada curso, la ya famosísima “vuelta al cole”. Queramos o no, la mayoría acabos imbuidos en este espíritu colegial que hace que clasifiquemos nuestra vida por cursos y no por años. En medio de este olor a cuaderno nuevo, a libro forrado y a reencuentro con los compañeros hay un paso que siempre nos cuesta dar: el primero.

 

El primer día, la primera hora, o el primer minuto de curso, de formación o de trabajo, cuesta darlo, cuesta llenarlo de contenido, y todo gracias al “horror vacui”. Ese temor irracional al espacio en blanco, al vacío, que nos acelera el corazón y, a veces, incluso nos paraliza. ¿Qué hacer el primer día?, ¿cómo llenarlo de contenido?, ¿qué hago?, ¿qué preparo?, ¿qué digo?

 

En mi opinión, el primer día de curso, el primer día que se reúne el equipo de trabajo después de vacaciones, el primer día que te presentas frente a un grupo de alumnos, no es el día adecuado para llenarlo de contenidos, sino para jugar con los espacios en blanco y dar voz a los demás.

 

Para mí, el primer día de “cole” es el momento ideal para “trabajar las expectativas” del grupo. ¿Qué esperan los alumnos del nuevo curso?, ¿qué esperan los miembros de mi equipo para el nuevo curso? ¿qué les motiva?, ¿qué gustaría conseguir?, ¿qué quisieran aprender? ¿dónde reside su motivación? ¿qué no les gustaría que ocurriera durante el curso? ¿qué tendría que pasar para finalizar el curso satisfechos?

 

Generalmente el primer día el educador propone, cuando no impone, sus criterios, normas y metodología de trabajo; pero en muy pocas ocasiones traslada la voz a los verdaderos protagonistas del proceso, a quienes tienen que poner su estudio o trabajo sobre la mesa para poder lograr los objetivos.

 

 

Yo no entiendo un primer día de cole, de trabajo, de curso, de máster, etc. sin un trabajo serio de las expectativas del grupo. Con este trabajo nos evitamos el miedo al vacío, recopilamos un montón de información para adaptar la formación al grupo y además cedemos un espacio a los verdaderos protagonistas. ¿Qué más se puede pedir?

 

 

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