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LA EDUCACIÓN DEL SER (III). El ser social.

Tercer capítulo de los cuatro que forman mi experiencia como espectadora del foro “La educación del ser” lo dedico a desglosar mis impresiones sobre “el ser social”. Llegamos a este apartado del foro con una doble intervención de expertos: Richard Gerver y Daniel Rodríguez; y una experiencia educativa contada por los alumnos del colegio Brains. ¿Lo comentamos?

 

Richard Gerver: nos dio una auténtica lección de pasión. Emocionalmente no era necesario traducirle, contagiaba con su voz, su cuerpo, su expresión, su sonrisa, etc. Además, utilizó un inglés sencillo y una vocalización muy clara, haciendo posible que casi cualquier persona, con conocimientos intermedios de inglés, pudiera comprenderle sin necesidad de traducción. Perfectamente ajustado al tiempo de su intervención, supo transmitirnos la esencia del cambio de paradigma educativo: revisión de los contenidos, apertura a nuevas metodologías y pasión, mucha pasión. En definitiva, una educación basada en la experiencia donde importe el ahora, no un futuro que aún no ha llegado.

 

Y otro punto interesantísimo que comentó fue la necesidad de un sistema educativo capaz de evolucionar. Echando un vistazo a la historia de la educación, podemos comprobar en seguida que los cambios educativos siempre son lentos, muy posteriores a los cambios tecnológicos y sociales. ¡Qué importante sería un sistema educativo capaz de ir incorporando los cambios a la vez que se producen en la sociedad!

 

 

Daniel Rodríguez: del ICE. Es justo destacarle tanto por el fondo como por su método de intervención. Formalmente hizo un “speech” perfecto. Para grabar (está grabado) y para copiar tal y como recomienda Emilio Duró que hagamos con los genios.

 

Esquema de la intervención:

  • anécdota que enganche al público (libreta escolar que sirve también para tener algo entre las manos durante la intervención)
  •  traslado de la anécdota al tema de su intervención (la comunicación es la herramienta fundamental de la educación y se puede entrenar)
  • alusión a la falta de formación para ser un/a buen/a comunicador/a;
  • pequeños chistes en mitad de la intervención (uso del humor como herramienta para enganchar y mantener la atención);
  •  concreción de lo teórico en herramientas prácticas, experimentables.
  • involucrar al público en una actividad (entrenamiento de un patrón gestual).

 

 Como ideas destaco: 

  • Todo lo que no se dice no existe” muy relacionada con la idea de que “la palabra crea el mundo” que Rafael Echeverría expuso en su Ontología del lenguaje.
  • La realidad de un receptor es la percepción de la realidad”, sin duda que la reducción de la brecha comunicativa entre emisor y receptor es fundamental para mejorar la comunicación entre ambos.
  • La comunicación se planifica,  Y la intervención de Daniel es un ejemplo perfecto de ello, no sólo nos comunicó con la voz o el cuerpo, también con el formato de su intervención que fue un ejemplo de cómo diseñar una intervención.
  • “Las muletillas son los piojos del lenguaje” maravillosa sentencia, y añado yo, son un fantástico “detector de malos humos” de nuestra comunicación. Si nos grabamos y oímos muletillas sonará la alarma, ¡bravo! Habremos detectado un punto de mejora en nuestra comunicación. 

 

 

 

Colegio Brains: de la exposición que realizaron los alumnos destaco positivamente dos aspectos: por un lado que ellos mismos protagonizaran la intervención mostrando, por otro lado, que el fondo de la experiencia que han vivido pasaba por dar voz a los alumnos en su proceso educativo. No se entiende que los protagonistas de la educación estén discriminados en el diseño y toma de decisiones. Sí cuestiono la repercusión en los medios de comunicación que contó una de las alumnas, porque no me parece que el cambio social o educativo esté directamente relacionado con la aparición en los medios de comunicación. De hecho creo que los medios seleccionan muy conscientemente qué contenidos aparecen y cuáles no.

 

Por otro lado, hubo dos estilos de comunicación diferenciados, hechos desde dos perspectivas muy diferentes y que marcaba una relación con los/as interlocutores que iban desde la horizontalidad de “yo te cuento pero es importante quien me escucha” al elitismo comunicativo de “te voy a enseñar cosas que no sabes”. Esto  puede detectar con frases como: “podríamos estar todo el día hablándoles de nuestra acciones, y de nuestras experiencias, y aun así lamento decirles, que no llegarían ustedes a comprenderlo del todo”. ¿Perdón? Acabas de hacer que la mitad del auditorio desconecte porque le has dicho que cuentes lo que cuentes no lo van a entender. Es importante trabajar ¿desde dónde se habla al auditorio?, ¿desde la humildad?, ¿desde la seguridad?, ¿desde el convencimiento?, ¿desde la arrogancia?... porque el resultado es muy diferente en función de esto.

 

 

Y, por último aunque para mí lo más importante de todo, me llamó muchísimo la atención la visión que se trasladó sobre el elemento solidario que vertebra gran parte del proyecto Brains in Motion. Desde la experiencia que he podido acumular más de 20 años relacionada personal y profesionalmente con el ámbito social/voluntariado, considero que el proyecto Brains in Motion debe revisar seriamente el concepto de solidaridad que traslada a los alumnos y revisar qué valores se trabajan. Hace ya muchos, muchos años, que en el ámbito social se desterró el concepto de “ayuda” por el de “colaboración” o “cooperación”; hace mucho que usar el discurso lacrimógeno del niño huérfano o el anciano en silla de ruedas se considera un ataque a la dignidad del ser humano; hace mucho que considerar que los usuarios de un proyecto social llegan a “sonreír gracias a nosotros” es la traslación inequívoca de un elitismo, para mi gusto, repugnante.

 

Comprendo el orgullo personal de los alumnos al involucrarse en una serie de actividades en favor del bienestar de otros seres humanos, pero si lo que han hecho está basado en los mismos valores que transmitieron con esas frases, es para cuestionar muy seriamente desde qué valores se formula el proyecto. Reconozco que me revolví en mi asiento al escuchar cosas como: “nos ha vuelto conscientes de la inmensa suerte que hemos tenido en la vida y lo único que queremos es hacer felices a aquellas personas que por desgracia no han tenido tanta suerte”. ¿Perdón? La justicia social no es cuestión de suerte, es cuestión de garantizar los derechos y la dignidad de las personas. No hablamos de regalos, hablamos de derechos.

 

Es sólo un ejemplo pero creo que demuestra que hay ciertos conceptos del proyecto Brains in Motion que es urgente revisar. Y puntualizo, para terminar, que mi crítica no va dirigida a los jóvenes que intervinieron (a los que doy mi enhorabuena por salir al escenario a contarnos su experiencia) sino a los responsables del proyecto. Estas cosas hay que detectarlas antes de que salgan a escena.


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